La pena de muerte

La pena de muerte es un azote contra la humanidad. Hay muchas razones para pedir la abolición y este es uno de los objetivos de ACAT, siguiendo el espíritu evangélico que fundamenta y orienta sus acciones. No se puede aplicar el castigo de sacar la vida de una persona como respuesta de haber asesinado a otra; la vida es un do de Dios y nosotros no podamos ni debemos de disponer; y al aplicar la pena de muerte, se destruye la posibilidad de conversión del condenado: la pena de muerte significa la negación de cualquier posibilidad de cambio en la vida de una persona, de redención, de reconciliación, de recomienzo, de reiniciar una nueva vida; afirmar el contrario supondría una actitud determinista o pesimista. Además, puede haber errores judiciales que lleven a la condena de pena de muerte de una persona inocente e, incluso, puede ser que se declare culpable bajo la presión de la tortura.

Por otro lado, la pena de muerte es ineficaz; no está demostrado que los países donde la pena de muerte es vigente tengan un índice de criminalidad más bajo, al contrario, puesto que muchos estudios serios en los EE. UU. demuestran que la pena de muerte no disuade; la ira, el odio y la venganza engendran más odio, más ira y más venganza. Después hay otra cuestión, que es un principio elemental en la ética: la necesidad de comprender el contexto vital, la situación vital de quien ha perpetrado un crimen o quien ha causado un mal en la comunidad; cualquier juicio de la acción del otro, tiene que tener en cuenta el contexto, las circunstancias, el origen y las razones por las cuales este “otro” ha hecho lo que ha hecho. Esta actitud de comprensión y empatía lleva a la misericordia y al perdón, no al castigo cruel e inhumano basado en el odio. Hay que señalar, también, que la pena de muerte viola las normas internacionales, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

La situación actual en el mundo nos anima a continuar en el trabajo por la abolición de la pena de muerte. Según datos proporcionados por Amnistía Internacional en su web, consultada el 21 de abril de 2021, son 108 los países que han abolido la pena de muerte para todos los crímenes; 28 son abolicionistas a la práctica y 55 son retencionistas. Los países que tienen la mayoría de ejecutados en el mundo en 2020 son, por orden de mayor número a menor, China, Irán, Egipto, Irak y Arabia Saudí; al 2020 se identificaron 28.567 personas condenadas a muerte en el mundo.

Aunque se han hecho adelantos, queda mucho trabajo para hacer para abolir esta práctica inhumana, cruel y degradante. Por un lado, hay pendiente la tarea política, que sea fruto de una firme voluntad de luchar a favor de la justicia, de la verdad y de la dignidad humana: hay un buen ejemplo en la abolición de la pena de muerte en Francia, el 1981, siendo presidente François Miterrand, con la intervención de su ministro de Justicia Robert Badinter; hay que esperar que otros países sigan los pasos, en especial en países de tradición cristiana, como los Estados Unidos de Norteamérica.

Por otro lado, hay la acción de entidades que trabajan por la abolición de la pena de muerte, y ayudan a formar una conciencia ciudadana en este sentido; tenemos ejemplo en las ACATs, en Amnistía Internacional y en la Coalición mundial contra la pena de muerte, que instauró, en 2003, el Día internacional contra la pena de muerte: así, cada 10 de octubre se hace un recordatorio de la lucha contra la pena de muerte y por las condiciones en que se encuentran los condenados a muerte; este año 2021 se ha subrayado la pena de muerte contra las mujeres, con el lema “Las mujeres y la pena de muerte, una realidad invisible”.

Nuestra ACAT, que creemos en la fuerza de la plegaria, tanto personal como comunitaria, intentamos encontrarnos para rezar en relación con esta causa, como con ocasión de la plegaria que organizamos en la Parroquia de Carme del Raval de Barcelona, el 13 de octubre.

Las acciones en favor de la abolición de la pena de muerto no están solo relacionadas con la fecha del 10 de octubre, Día internacional contra la pena de muerte, sino que continúan a lo largo del año; el 30 de noviembre por la tarde muchas personas en todo el mundo se han añadido virtualmente a la propuesta de “Ciudades por la vida, ciudades contra la pena de muerte”, por iniciativa de la comunidad de Santo Egidi, consistente en la participación vía Zoom en un acto de conferencias y debate desde Roma, después del cual se ha iluminado el Coliseo y muchas ciudades han encendido fachadas de edificios emblemáticos, como Barcelona, que iluminó la fachada del ayuntamiento, como compromiso en la lucha contra la pena de muerte.

Montserrat Martínez

Secretaria de ACAT

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